EL IMPACTO DEL DIAGNOSTICO DE ENFERMEDAD DE ALZHEIMER

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Un diagnóstico de enfermedad de Alzheimer representa un impacto, tanto para el enfermo como para su familia. Cada persona encaja la noticia de un modo diferente.

La persona que recibe en primera persona el diagnóstico, suele entremezclar diferentes reacciones que irán fluctuando. La más común es la de negación, que puede presuponer tanto una falta de consciencia del problema, como una forma de controlar el miedo y la angustia que provoca esta nueva situación. A menudo, puede protagonizar episodios de enfado, sobretodo cuando queda en evidencia ante situaciones muy concretas, en las que no sabe contestar a las preguntas que se le formulan o le cuesta realizar tareas habituales. También suele presentar síntomas depresivos, al ser consciente de sus errores, de sus limitaciones y del incremento paulatino de su dependencia. Además, aceptar la enfermedad implica un cierto nivel de consciencia. El familiar enfermo inicialmente pondrá todo de su parte para activarse, para preservar su autonomía. Se mantendrá así durante un tiempo, hasta que a medida que avance la enfermedad, olvide que la padece y vaya abandonando todas sus aficiones.

Aunque generalmente es la familia quien informa de los cambios de comportamiento y errores preocupantes del familiar enfermo, también les será difícil digerir el diagnóstico. Para poder acompañar de forma adecuada al familiar enfermo, necesitarán entender todo lo que implica esta enfermedad, asimilar todos los cambios que irá experimentando el familiar enfermo, en definitiva, necesitará aceptar la difícil situación. Para ello, es recomendable buscar toda la información posible sobre la enfermedad de Alzheimer. Saber cuál será su curso evolutivo, conocer a qué se van a tener que enfrentar. Informarse de que recursos podrán disponer en cada etapa de la enfermedad, para ayudarles a manejar la situación de la mejor manera posible. Es básico que el familiar enfermo realice ejercicios de estimulación cognitiva ya desde el inicio, esto le permitirá alargar su autonomía durante más tiempo.

Después de la noticia, la familia deberá reestructurarse para atender las necesidades del familiar enfermo. Todos sus miembros se verán involucrados en el proceso, en mayor o menor grado. Es preferible repartirse su cuidado. La persona sobre la que recaerá una responsabilidad mayor, que suele ser la que más tiempo está con él, pasará a ser el cuidador principal.

Además, es conveniente que el cuidador principal busque un profesional que le ayude a entender al familiar enfermo en cada etapa y le facilite pautas de conducta para poder manejar determinadas situaciones, que le cuesta reconducir, que se van produciendo. El seguimiento psicológico le será útil para paliar el malestar y evitar la sobrecarga emocional que produce la experiencia.

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